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El Nobel y la Paz

Bogotá. 08/10/2016. (Sergio Alejandro Gómez*).- Los colombianos despertaron el viernes con la noticia de que su presidente, Juan Manuel Santos, había recibido el premio Nobel de la Paz por su “decidido esfuerzo” en las negociaciones que buscan poner fin a más de medio siglo de conflicto armado.


En un país acostumbrado a asumir lo inverosímil con pasmosa tranquilidad, la decisión ha causado sorpresa más que todo.

Pocos creían posible que Santos se llevara el galardón después de que los acuerdos alcanzados en La Habana entre su gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) fueran rechazados por estrecho margen en el plebiscito del 2 de octubre pasado.

El Comité Noruego no se dejó llevar por las urnas y aseguró que buscaba “animar a todos aquellos que se esfuerzan por lograr la paz, la reconciliación y la justicia en Colombia”. El comunicado que hizo pública la decisión también destaca las palabras de Santos respecto a que seguirá trabajando por el fin de la guerra “hasta su último día en el cargo”.

El hombre que se suma al escritor Gabriel García Márquez como el segundo Nobel de su país proviene de una familia aristocrática con pedigrí presidencial. Fue periodista en el influyente diario El Tiempo y empresario del sector cafetero. Dio el salto a la política como ministro de Comercio en el gobierno de César Gaviria y alcanzó mayor protagonismo en la cartera de Defensa durante el belicoso mandato de Álvaro Uribe.

Cuando asumió su puesto en la Casa de Nariño en el año 2010, aupado por el uribismo y con una de las votaciones más altas de la historia, sorprendió al mundo y a su predecesor al asegurar que las llaves del diálogo con la guerrilla estaban en su bolsillo, las mismas que utilizó finalmente durante cerca de cuatro años en la capital cubana.

Después de llegar más lejos que ningún otro presidente en el camino de la paz, Santos está ahora envuelto en unas difíciles conversaciones con todas las fuerzas políticas, en especial las que promovieron la opción del No en el plebiscito, para encontrar una solución que permita concretar la paz firmada solemnemente en Cartagena el pasado 26 de septiembre, ante más de una decena de Jefes de Estado de la región y el secretario general de las Naciones Unidas.

Uribe, su antiguo mentor y actual rival político, es el protagonista y la cara más visible de la oposición al texto de 297 páginas negociado en La Habana que aborda asuntos claves para solucionar las causas de la guerra como la problemática agraria, los cultivos ilícitos, la participación política y la reparación de las víctimas.

El exmandatario felicitó a Santos en la red social Twitter, pero acto seguido lo llamó a que utilizara el premio para transformar los acuerdos alcanzados en la capital cubana tras cerca de cuatro años de negociaciones, uno de los principales reclamos de la campaña del No.

Como se ha hecho costumbre en los últimos años, el Premio Nobel de la Paz del 2016 no está exento de polémica. La mayor guerrilla de Colombia, que demostró su voluntad de regresar a la vida civil, y cinco víctimas del conflicto armado colombiano estaban nominadas junto al presidente para el galardón, que se otorgó en solitario.

La experiencia histórica en anteriores procesos de paz también apuntaba a reconocer ambas partes. Ese fue el caso de Sudáfrica  con el líder antiapartheid Nelson Mandela  y su contraparte Frederik de Klerk.

“El único premio al que aspiramos es el de la paz con justicia social para Colombia sin  paramilitarismo, sin retaliaciones ni mentiras”, escribió en su cuenta de Twitter el máximo jefe de las FARC-EP, Timoleón Jiménez.

El líder guerrillero felicitó a Santos por el premio así como a los países garantes, Cuba y Noruega, sin quienes «sería imposible la paz».

El miércoles pasado se dieron marchas multitudinarias en varias ciudades del país a favor de una solución política a la coyuntura actual. En Bogotá se reunieron más de 100 000 personas según los cálculos oficiales y un grupo de ellos aún acampa en la Plaza de Bolívar para exigir una solución.

En el país del realismo mágico, hay Nobel pero aún falta la paz.

(* Periodista cubano. Jefe de la página internacional del diario Granma.)

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