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Los nazis se quedaron lejos de obtener la bomba atómica


08/12/2015. (Malen Ruiz de Elvira|Público).- Lo cerca o lejos que estuvieron los científicos nucleares alemanes de obtener la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial lleva décadas siendo objeto de una polémica que ha saltado incluso a la cultura popular. Las hipótesis sobre la ambigua conducta del premio Nobel Werner Heisenberg, impulsor y uno de los responsables del programa nuclear nazi, su nunca bien explicada visita al eminente científico danés Niels Bohr en 1941 y otros sucesos de la época son argumentos de novelas, obras de teatro y películas y el tema no ha caído, ni mucho menos, en el olvido.

Lo que para muchos expertos quedó claro desde el final de la guerra, aunque se mantuviera en secreto: que los alemanes no consiguieron romper el átomo ni para obtener energía ni para fabricar la bomba atómica a pesar de que lo intentaron, se basa ya en pruebas públicas contundentes que se han ido acumulando. Lo confirma ahora la conclusión de un largo estudio nuclear forense europeo que ha analizado muestras de dos tipos de estructura utilizados para intentar alcanzar la reacción en cadena desde 1940 a 1945. Lo primero a resaltar es que el análisis ha confirmado la autenticidad de las muestras, que aparecieron en Alemania bastantes años después del final de la guerra.

Heisenberg utilizó primero placas de uranio, llamadas placas de Wirtz, y luego se pasó a los pequeños cubos de uranio, que había utilizado ya el equipo de Kurt Diebner. El último experimento, llamado B8, tuvo lugar en marzo de 1945, cuando ya los científicos se habían tenido que trasladar al sur de Alemania debido a la marcha de la guerra. El combustible consistió en 664 cubos de uranio de cinco centímetros de lado procedentes del grupo de Diebner (con un peso total de casi tonelada y media). “El bombardeo con neutrones debería haber iniciado una reacción nuclear autosostenida pero el intento no tuvo éxito porque el reactor era demasiado pequeño”, explica Maria Wallenius, coautora del estudio publicado ahora.

“Presentamos un estudio nuclear forense del uranio procedente de proyectos nucleares alemanes que utilizaron geometrías diferentes de combustible de uranio metalico”, señalan los investigadores en la revista Angewandte Chemie. Han dispuesto de una pequeña cantidad de polvo procedente uno de los denominados cubos de Heisenberg, otra muestra de mayor tamaño de otro cubo y muestras de una placa de Wirtz.

Midiendo la proporción de dos isótopos, uno de torio y otro de uranio, han podido establecer que los materiales analizados se produjeron entre los años 1940 y 1943. Para establecer el origen geográfico del mineral, se midió su contenido en tierras raras y la relación entre dos isótopos de estroncio. Los resultados prueban que el uranio se extrajo de una mina en la República Checa. Los investigadores han descartado así que el uranio procediera del Congo Belga, que era la otra fuente de la que disponía Alemania.

Además, las muestras analizadas tienen la composición del uranio natural, lo que indica que los alemanes no llegaron siquiera a enriquecer el material en uranio 235. La razón, señalan los expertos, es que no disponían de la técnica adecuada, ya que sus intentos se quedaron en un nivel experimental.

Por último, se detectaron en el cubo trazas de uranio 236 y plutonio 239 en sus niveles de abundancia natural, lo que indica que el combustible nunca recibió flujos significativos de neutrones, como lo habría hecho si se hubiera conseguido la reacción en cadena buscada. La primera reacción en cadena la obtuvo en 1942 el científico italiano Enrico Fermi, en Chicago, donde trabajaba tras huir de Europa pocos años antes.

Los análisis de las muestras citadas se han hecho en las universidades de Mainz, la Nacional de Australia y la de Viena bajo la coordinación del Instituto de Elementos Transuránicos del Joint Research Centre (JRC) de la Comisión Europea. En 2009 el JRC hizo públicos los resultados preliminares del estudio de estas mismas muestras, en el mismo sentido de lo que ahora se ha confirmado. Las muestras fueron entonces enviadas para un análisis nuclear más detallado a las universidades que han concluido ahora su minucioso trabajo y han publicado los resultados.

Además de para temas históricos como el aquí comentado, los “detectives atómicos” utilizan las técnicas de análisis nuclear forense para mantener el control y trazabilidad de los materiales nucleares en el mundo, bajo el control de la Agencia Internacional de la Energía Atómica. Con ellas se puede llegar al origen de cualquier muestra encontrada, una herramienta básica en la lucha contra el contrabando de material nuclear.

La mayor parte del material del programa nuclear alemán fue requisada por los expertos estadounidenses de la misión Alsos, establecida ya en 1943 precisamente para conocer los avances alemanes en este campo y otros de interés militar. En abril de 1945 parte de los científicos nucleares alemanes, incluidos Heisenberg, Diebner y Wirtz, fueron detenidos y trasladados al Reino Unido, y sus conversaciones grabadas en la mansión campestre en la que estaban prisioneros. Allí conocieron la explosión de la primera bomba atómica sobre Japón. El interesante libro Hitler´s Uranium Club, de Jeremy Bernstein, basado en las grabaciones, que fueron desclasificadas en 1992, permite conocer sus curiosas y a veces ambigua reacciones. También se observan las primeras manifestaciones de los intentos posteriores de algunos de ellos de lavar su imagen, aduciendo que retrasaron voluntariamente los trabajos en pos de la energía atómica debido a las graves implicaciones de esta tecnología.

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